viernes, octubre 25, 2013

Dos foticos (In memoriam Oscar Yanes -Parte II)


Oscar Yanes padre integra el Orfeón Lamas durante muchos años. El otro Oscar, su hijo, se convierte en periodista desde tierna edad, y es testigo de excepción de los eventos de su tiempo. Unos ocupan grandes titulares en los medios, otros son más sutiles aunque anunciados con alborozo en su momento.

En 1955, el maestro Vicente Emilio Sojo arriba a los 68 años. El periodista Eduardo Lira Espejo, crítico musical y gran amigo de Sojo, organiza una fiesta en su casa para rendirle homenaje.

En la celebración se hacen presentes diversas personalidades de la esfera cultural, política y periodística venezolana. Entre otros, asisten el Orfeón Lamas en pleno, algunos integrantes de la Orquesta Sinfónica Venezuela, Mariano Picón Salas, Fedora Alemán, Antonio Estévez, Evencio Castellanos, Teo Capriles, Inocente Carreño y los Yanes.

El homenajeado disfruta la fiesta, ríe a carcajadas con sus orfeonistas y hasta baila joropo. Una de las compañeras de baile es la hija del músico Antonio Narváez, una bella adolescente que se convertirá en pianista y será, décadas más tarde, la directora de la Fundación Vicente Emilio Sojo, Guiomar Narváez.

Oscar padre se reencuentra con entrañables amigos, y todos cantan al cumpleañero. Una de las fotografías retrata al fiel trabajador de la panadería Altagracia entonando una canción. Este orfeonista sale en primer plano (Izquierda - Foto 1 - Arriba), junto a Teo Capriles, Inocente Carreño y otro compañero asistente.

Oscar hijo es un reportero consagrado de 28 años, cuando asiste al cumpleaños número 68 de Sojo. Este periodista creció viendo de cerca de todos los maestros allí presentes. Aunque no dudamos que haya al menos tarareado algunas de las piezas interpretadas durante la velada, en la fotografía se le ve manos en los bolsillos observando la discusión sobre arte que sostienen: Mariano Picón Salas (Al centro sentado - Foto 2 - Abajo), Emiro Echeto La Roche, Rosita de Ratto Ciarlo, Antonio Estévez (Frente a Picón Salas), Eduardo Lira Espejo (El anfitrión, de pie), Teo Capriles y Oscar Yanes padre (De pie, al fondo).

Al año siguiente, en 1956, Yanes hijo se convierte en el director del diario La Esfera. Ese mismo año, ya no distraído sino en franca entrevista, será retratado en Nueva York con Salvador Dalí.

martes, octubre 22, 2013

In memoriam Oscar Yanes


En 1938, Oscar Yanes viaja a Colombia como integrante del Orfeón Lamas. Tiene 30 años, según lo confirma el pasaporte común de la agrupación. El trayecto por tierra, que dura más de siete días, es compartido con amigos coralistas como Antonio Estévez, Ángel Sauce, Antonio Lauro, Evencio Castellanos, Ana Mercedes Asuaje, María Teresa Castillo y Pomponette Planchart, entre muchos otros; todos guiados por el maestro Vicente Emilio Sojo.

Es el único viaje internacional que hace esta agrupación cantera del movimiento coral venezolano. Los orfeonistas regresan a la patria llenos de gloria. Su actuación en Colombia había superado todas las expectativas.

No sabemos en qué momento Oscar Yanes abandona las filas del Lamas, solo tenemos certeza de que comparte su pasión por la música con su trabajo en la panadería Altagracia. Cuando participa en el histórico viaje del Orfeón, su hijo homónimo tiene 11 años. El pequeño hereda el gusto por la cultura, la historia y sus vericuetos. No es cantando sino escribiendo que sigue los pasos de su padre. Lo demás no lo reitero, ya integra nuestra memoria colectiva.

Al conseguir informaciones sobre Oscar Yanes padre, quise conversar inmediatamente con el hijo. No pude, la enfermedad avanzada y la distancia lo impidieron. Ahora no encuentro mejor forma que honrar la memoria de quien tanto aportó, a través algunos datos sobre su padre: un personaje también interesante de quien poco habló Oscar Yanes. #AsíSonLasCosas

domingo, marzo 31, 2013

sábado, julio 16, 2011

EUDOMAR SANTOS, VENEZOLANO SIN MITOS

Ibsen Martínez y Franklin Virgüez en escena










Uno de los personajes de ficción venezolanos más conocidos reaparece en la escena nacional e internacional, aunque esta vez fuera de la telenovela. “Como vaya viniendo…” es la obra teatral de Ibsen Martínez que evoca una ruptura sociopolítica, un antihéroe popular y un fenómeno televisivo llamado “Por estas calles”.


Yellice Virgüez Márquez
Prensa, producción de medios,
asistencia de investigación
comovayaviniendo@gmail.com



Venezolano que no haya al menos intentado parafrasear el apotegma “como vaya viniendo, vamos viendo”, puede que haya estado ausente de los últimos veinte años de historia nacional. Los palabros y expresiones de Eudomar Santos pasaron al acervo inmaterial, desde que su tumbao cautivara a la audiencia en la telenovela más larga de Venezuela. Ahora, el mentado personaje regresa interpretado por Franklin Virgüez, su alter ego, y bajo la dirección general de Daniel Uribe.

Así como la telenovela, la obra es escrita por Ibsen Martínez quien no conforme con ser el creador de Eudomar, concibe para sí una participación especial y se monta en escena. Virgüez y Martínez hacen uso de sus mejores armas en un momento en el que se hace más teatro que televisión, y muchos venezolanos idealizan cualquier tiempo pasado.

“Como vaya viniendo…” es la excusa para reencontrarse con la IV República que hizo de la telenovela “Por estas calles” un fenómeno televisivo. Martínez desmitifica en las tablas el aura subversiva de un “teleculebrón” inicialmente bautizado Eva Marina. Virgüez, por su parte, interpreta un doble rol. Uno de ellos es el recordado antihéroe popular carente de estudios pero con ganas de comerse el mundo. El otro, es el mismo Franklin.

Este actor, cuya carrera artística fue honrada recientemente con el premio de la Asociación de Críticos de Espectáculos de Nueva York (ACE 2011), es uno de los pocos artistas venezolanos veteranos que se mantiene activo tanto en el teatro como en la televisión. A pesar de que emigró hace más de una década a Estados Unidos, los vínculos con su terruño siguen estrechos. Eudomar Santos le permite ahora reencontrarse con su público tras algunos años de ausencia.

Las últimas imágenes que tenían los venezolanos de Virgüez eran, por un lado, la de un travesti llamado Susanita Pons en un monólogo de Néstor Caballero; por otro, la del mismo Virgüez arrodillado en el set de Globovisión, implorando públicamente al presidente Hugo Chávez evitar el cierre de RCTV. Eudomar Santos, uno de los personajes más importantes en su carrera artística, no es indiferente.

Ni lágrimas ni gestos pasionales resultaron suficientes. La planta productora de “Por estas calles” ya no está al aire. “Como vaya viniendo…” abre el único espacio posible para evocar la ruptura sociopolítica registrada durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. En la obra, se comenta también el devenir de los personajes añorados que, por comunes, son indelebles.

Bajo la producción de Marcos Purroy y del Centro de Directores para el Nuevo Teatro, institución fundada por Carlos Giménez, se reencuentran Eudomar Santos, Franklin Virgüez e Ibsen Martínez. Ellos se confrontan en un tiempo distante de la IV República, aunque con similares carencias.

Eudomar Santos, con su representativa cadencia al caminar y sus célebres dicharachos, reivindica su condición de elector gregario incluso en la llamada “revolución bonita”. Él se muestra a sí mismo con las incertidumbres que acompañan la vida del subdesarrollo latinoamericano. Se desmitifica a sí mismo y, también, a su contexto.

jueves, junio 10, 2010

Sojo


Vicente Emilio Sojo, paladín de una revolución musical en la Venezuela del siglo XX.

domingo, junio 28, 2009

sábado, mayo 30, 2009

Sans commentaires...

Toutes les affaires du mime ont été vendues aux enchères à Paris mardi et mercredi (26 et 27 mai 2009). L'association "Un musée pour Bip" a tenté d'acheter un maximum de pièces.

martes, mayo 19, 2009

"Mucho más Grave y Viceversa". Voz: M. Benedetti (Audiolibro)

Animación: lepetitfilm.com

Música: "La valse des Monstres" de Yann Teirsen.

Rendez-vous

Il est parti ce dimanche. On craignait son départ depuis quelques semaines. Et finalement, doucement, comme ça… comme à son habitude... sans empressement il est parti. Nous, les latino-américains, les hispanophones, nous qui aimons les lettres et la littérature… nous ne pouvons pas parler de nos vies sans croiser nos souvenirs avec les mots de Mario Benedetti (uruguayen). Son ouvrage est au-delà des frontières et des idiomes, son ouvrage est transcendant. Et c’est inévitable… nos yeux et nos âmes pleurent profondément comme les cieux de tous nos pays depuis quelques jours…

Pour ceux qui ne lui connaissent pas (encore), il est traduit dans toutes les langues il faut juste repérer son ouvrage (vaste). Benedetti m’a toujours parlé très franchement, sans ornements, droit au cœur. Benedetti m’a parlé d’amour mais aussi d’indifférence, il m’a parlé d’absences mais aussi d’une vie remplie, il m’a fait plusieurs fois regarder le destin malin droit aux yeux… il m’a parlé de l’exil et de la mélancolie.

Il nous a parlé d’une vie engagée. Il a parlé du Sud comme un univers d’émotions et des conciliations souvent pas très conciliées…

Il a dit un jour que la mort est seulement un symptôme de la vie elle-même. Pour moi la vie comme toute l’existence est remplie des souvenirs...

La mort d'un poète renvoie toujours l'attention aux choses essentielles... à sa poésie et ses messages. Il faut partager d’une certaine façon des moments comme celui-ci avec les gens avec lesquels on partage des souvenirs… peu importe la latitude, les distances et la mer qui caresse nos frontières.

Un autre grand poète latino-américain, Andrés Eloy Blanco (vénézuélien), a écrit dans un poème : « Il ne faut pas pleurer pour la mort d’un voyageur… il faut plutôt pleurer pour la mort d’un chemin (…) ».

On pleure peut-être pour l’achèvement d’un chemin…

Quant à Benedetti… il ne partira pas définitivement alors. Après tout, il a seulement rendez-vous avec l’immortalité.

Yellice Virgüez Márquez

lunes, mayo 18, 2009

Vaya manera de volverlo a hacer



Y se fue este domingo. Lo presentíamos con ojos cerrados y el corazón chiquito desde todas las latitudes. Se fue en lluvia desde su terruño como el buen “desexiliado” que alguna vez dijo él era. Y como gotas del cielo caen por doquier pensamientos, dolores, pesares, necesidades y otros llantos... Esos (estos) charcos interactivos no reconfortan pero al menos no quedan trabados en el pecho / Tantos pesares. Y el tema de conversación cambia. Vaya manera de volverlo a hacer. Con él siempre pasa lo mismo... porque cuando se lee o se canta no hay ornamentos existenciales, es la vida y ya. Con él no hay distracciones banales. Es el amor, el desamor, es la ausencia, el destino travieso, es el exilio y su añoranza, es el pesimismo o incluso la cursilería crónica que decía desde siempre padecer. Y ahora, otra vez gracias a él, volvemos a recordar que no hay cosas más trascendentales que las más simples. Y se fue. Se fue el poeta y aunque lo imaginamos feliz reencontrando a su amada Luz, ya hace falta.
Hará falta de mil maneras como sólo los que llegan tan hondo faltan y a donde sólo los que hablan con la verdad llegan.
Las palabras siempre sobran en el adiós y en el dolor. La memoria sigue siendo el mejor recurso. Releamos, recantemos, revivamos...
Gracias maestro Benedetti por tanto amor… y desamor

viernes, mayo 01, 2009

"Yo voy soñando caminos... ¿Adónde el camino irá?"

Esta animación tan "Sensorial" (1978) como caótica del venezolano John Moore, me recordó aquello que desde 1912 decía Machado en sus poéticos cantares: "Caminante, son tus huellas el camino y nada más. Caminante, no hay camino (...)"

Este año se cumplieron 70 años de la llegada del poeta a Francia (lo cual era decir alcanzar la libertad) y la misma cantidad de su partida... (murió pocos días después de lograr cruzar la frontera).

http://www.youtube.com/watch?v=zWm8vcmRMfg

Sus restos yacen allí mismo, en Collioure: el lugar adecuado para abrigarle eternamente... pictórico y aunque fauvista, poético. Su tumba no es frecuentada como las de Père-Lachaise pero vaya que registra el paso de caminantes...
Sí... ciertamente,
"se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar".

"Nosotros, La Música" (Cuba, 1964)

...Simple...diáfana... Al mejor estilo de "La Reina del guaguancó", Celeste Mendoza, junto al sonero Carlos Embale...

"...♪.♫ Ave María, morena! ... ♫*♥*♫ ♪♫*♥*♫•…♪♫... ♫*♥*♪♫.♪♫♪*♥*♫• …♫. ♫♪*♥*♫♪♫♪♥*♫• ♫…♫.♪ Tú no juegues conmiiiigooo ...♪"

"C'est si bon" par Eartha Kitt (1962)

A la mémoire d'Eartha Kitt... partie le jour de Noël dernier....Cet ange noir a finalement rejoint les autres anges noirs auxquels il a tant chanté...:
http://www.facebook.com/posted.php?id=1040358110&success


Brief Venezuelan Story

HI BOB! Ok, No pictures


Por una vieja promesa jamás cumplida no quise publicitar más de lo que estuvo este reportaje. En medio de la prohibición y la hostilidad de la maquinaria, hay una imagen jurada... Difícil confiar semejante compromiso a una periodista en pleno ejercicio de sus funciones. En todo caso ¿quién hubiese creído este encuentro si no es por la huella humana de quien huye de la posteridad? ... Transcribo textualmente lo que escribí en 2006, lo cual puedo decir se aleja un tanto de lo que finalmente llegó a los lectores del periódico. Aquel verano Bob Dylan recorre Europa y esto es tan sólo un testimonio de uno de sus pasos en Francia. Después de algunos años me complace constatar que... el eterno chico malo sigue siendo tan impredecible como fiel a su universo.


Yellice Virgüez
Especial desde Francia
El Mundo


Tras cinco años alejado de los estudios de grabación, Bob Dylan reincide y sucumbe ante el empeño comercial del sistema musical que tanto ha criticado pero que, a su vez, le trajo al mundo discográfico hace más de 40 años. ¿Acaso también el mismo que le secuestró para siempre? En todo caso, «Tiempos Modernos» nació ayer oficialmente y, con él, esta leyenda musical del siglo XX continúa en las carteleras con otros inéditos : Thunder on the Mountain, Spirit on the Water, Rollin and Tumblin , When the Deal Goes Down, Someday Baby, Workingman s Blues # 2, Beyond the Horizon, Nettie Moore, The Levee s Gonna Break y Ain t Talkin.

Fiel a su costumbre de imprevisible y a su fama de huraño, desconocíamos -por órdenes estrictas-, información alguna sobre su llegada, programa, alojamiento y partida de su paso por Francia durante este verano. La organización del festival francés de artes Estivales acometió un sinfín de exigencias, desde las más técnicas hasta las más elementales y domésticas como una marca estadounidense precisa de mantequilla de maní. Se trata de la vedette de esta edición. Después de todo, es Bob Dylan.

Cuatro autobuses negros completamente blindados en los cuales se lee «Beat the street», tres camiones, dos automóviles y cuatro furgonetas transportan la tropa Dylan, proveniente esta vez de cinco conciertos multitudinarios en España. Ya desde 1988 están en la ruta del mundo siguiendo la tarareada «gira sin fin», para algunos suicida, de más de 100 conciertos al año.


Supe que en un hotel cercano al Palacio de Congresos de la ciudad hay cuatro habitaciones registradas a su nombre. Era un soplido del viento con 3 semanas de antelación al concierto. Insuficiente, nada certero. El misterio de su espectáculo adosado con el emblemático estilo francés de enaltecer los acontecimientos, traduce imposible la idea de algún contacto con el ídolo. «Nada de ruedas de prensa, nada de entrevistas, nada de fotos. Nada», leyes Dylan anunciadas con hidalgo acento galo.

Los tiempos para él ya cambiaban desde comienzos de la década de los 60. Reinventó el folk y desde entonces se encumbró a regañadientes por los caminos de la gloria. Su tono de crónica social le enalteció también ante el anarcosindicalismo de los hobos. Era tarde para el poeta. El Bob contestatario se convirtió pronto en mito de la contra-cultura americana.


Luego de ex-profesarse « portavoz de su generación », el hijo espiritual de Woody Guthrie y del poeta Dylan Thomas, se empeña desde entonces en despistar al mundo que lo mitificó. Con o sin la máscara de él mismo que muchas veces dijo portar, su poesía surrealista transportó la música popular norteamericana a otro renglón. Con su paso por el folk, la nostalgia del country, el rock, el blues, el jazz… la música, cual piedra rodante, no detiene el paso.


Era el día del concierto e, imposibles de esconder, los « Beat the street » que le transportan destacan aparcados frente al Palais dès Congrès. Les fotografío sólo para registrar la huella visible de la leyenda viviente que sabemos ya está en la ciudad. Los 35 grados de calor favorecen la versión oficial de que «Dylan no tendrá hospedaje» y se quedará al interior de estas inmensas unidades que le llevarán directamente al lugar del concierto. ¿Las habitaciones en el hotel? Dicen, «para su personal femenino».


Deambulo por los alrededores del lugar donde están los autobuses. Camino lento y sin rumbo fijo pues… aún faltan muchas horas para el evento y estoy decidida a esperar en la calle. No puedo apostarme frente a los autobuses, los organizadores del Festival no responden los teléfonos y, finalmente, en casa no estaría tranquila. Pienso que a pesar de no tener hambre, puedo tenerla en unas cuantas horas y busco entonces un lugar donde comprar algo. Intento fallido. Luego de visitar tres lugares distintos, tengo más bien mariposas en el estómago. Regreso al boulevard y algo cambió. Uno de los autobuses intenta salir del estacionamiento. Espero, al menos, ver qué dirección toma. Después de recorrer unos 300 metros, la inmensa unidad se estaciona en la misma calle, justo a las puertas de un hotel. Otro distinto al de aquellas reservaciones que luego sabría también eran ciertas. El paso siguiente es predecible.


En el lobby se encuentran los guitarristas Stuart Kimball, Donni Herron y el bajista Tony Garnier. Denny Freeman por su parte destaca con un gran sombrero estilo cowboy, sentado frente a una computadora. Las maletas les acompañan.

- Buenas tardes. Disculpe –digo en Recepción mostrando tímidamente la credencial de prensa de Estivales-. Yo quisiera simplemente saber si… todo estaba bien por acá y… si el señor Dylan ya está listo para salir.
- Seguramente. En cualquier momento debe bajar porque ya lo ha hecho parte de su equipo.
- Perfecto. Y… ¿Sabrá dónde está el manager?- Mire, no sé pero puede preguntarle a alguno de ellos –propuso señalando a parte de los integrantes de la banda.
- Bueno, lo que haré es que voy a esperar pacientemente a que bajen.- Por supuesto, tome asiento.- Muchas gracias ¿Puedo tomar esta revista?- Sí, adelante.

Me senté muy cerca de los músicos, quizá un tanto observadores a todo aquello foráneo al equipo. Cinco minutos bastaron. Del ascensor salieron tres personas : la humanidad de un hombre fornido de al menos 1 metro 90 de estatura, el baterista George Gabriel Recile y un hombre de baja estatura vestido de invierno en verano, con gorro y cabello rojizo que, luego entendería, era postizo. Me levanté rápidamente para seguirles hasta la puerta del hotel. Los dos últimos se detienen a conversar, vista a la calle.

- Buenas tardes, yo… -balbuceé.
- ¡NADA! – grita el guardaespaldas.- Pero espera… déjame hablar. No quiero molestar, simplemente quisiera saludar a Bob- ¡NO!
- Pero… ¿por qué? Mira… vengo de Venezuela, sólo es cuestión de unos minutos. Soy periodista y se trata de unas simples preguntas y... una foto.
- ¡NO! ¡NADA DE FOTOS! ¡NADA DE ENTREVISTAS! ¿En la universidad donde estudiaste periodismo no te enseñaron lo que es el respeto?! ¡TE ESTOY DICIENDO QUE NO!
- Claro… sé lo que es el respeto. Me parece que quien no lo sabe eres tú, no has dejado de gritar. Es ridícula esta situación…
- ¡NO ME INTERESA! ¡ES MI TRABAJO!
- Yo entiendo que estés haciendo tu trabajo pero yo también estoy haciendo el mío y, sólo por eso, haré el intento de hablarle.
- ¡NO! ¡NADA ! ¡MANTENTE ALEJADA!
- ¡Hi Bob! –dije saliendo del hotel, al fin y al cabo no podían impedirme salir del hotel.
- ¡Hola!! ¿Qué tal?! –responde Bob sonriente ante la estupefacción del guardaespaldas y la sonrisa de Recile.
- Disculpe, Bob, no quiero molestarle –dije acercándome a su persona:- Sólo quisiera hacerle unas preguntas sobre la gira, el nuevo disco… quizás una foto para el periódico.
- ¿Qué? ¿Una foto? Es que… yo no me tomo fotos con cualquiera (…) –expresó con sorna ante las risas de Recile.
- Caramba… ¡Vaya cátedra de civismo estoy recibiendo aquí con ustedes hoy! Eres terrible –le dije.


La fama ha sido para Dylan el precio más caro a pagar. Ha influenciado la música desde la década de los 60 hasta nuestros días. Beatles, Rollings Stones, Byrs, Neil Young, Eric Clapton, Lou Reed, Paul Simon, Springsteen, Patti Smith, White Stripes, Avril Lavigne y otros tantos, se han sumergido de alguna u otra manera en el universo bobdyliano. El mundo ha sido su inspiración y también su motivo de fuga. No bastan sus imágenes de Bertold Brecht, Hank Williams, Robert Johnson, Jack Kerouac o de aún las de Arthur Rimbaud para escapar de aquellas mundanas de una fama adquirida a temprana edad.




Sé que Bob Dylan no está nunca donde se espera que esté, y cuando se percata de aquello que la gente espera de él, cambia de planes. Entiendo su otrora defensa de la «composición inconsciente», de la creación de films sin guión, y de sus siempre particulares encuentros con la prensa y con el público en la calle. Lo sé espontáneo pero también tímido al extremo y arisco también. Acido muchas veces. Quizá demasiado natural para este falso mundo de preguntas elementales. Comprendo que desde su antológica gira europea del 66 trascurre una peregrinación con un rumbo sin camino a casa. Pero ¿tanto daño te ha hecho este mundo, Bob, para pasar de aquellas cruzadas gitanas de contacto a esta marcha a distancia? …Siempre al borde de la ruta.

Mi móvil suena al fondo de mi cartera. Hago caso omiso pero un gesto de Bob y su pregunta : « ¿qué es eso? », me permite apagar el celular e intentar activar el grabador. Tomo unos segundo más de lo común y desconfía : «¿Me estás grabando?!»

-¡No! –aclaré sacando la mano de la cartera con el móvil en manos-. Es el teléfono, mira.-¿Y qué es eso? –pregunta indicando mi otra mano.-Papeles, simples papeles con anotaciones.

«¡ALGUIEN ESTA TOMANDO FOTOS!!!», gritó el guardaespaldas señalando a un joven escondido tras un árbol en el boulevard. «Te dije que este hotel era una mierda… ¡Así no sirve!», sentenció Bob a Recile. Y pensé: «se acabó… o lo meten en el autobús o al interior del hotel». Error.


- ¿Vamos a hablar detrás del autobús? –me dice Bob con la voz agónica que le caracteriza, y me cede el paso-. ¿Y vienes de Venezuela por el concierto?
- No… vivo acá en Francia.
- ¿Desde cuándo?
- Desde hace tres años
- ¿Sola? ¿Qué haces aquí?
- No (…) Veo que también te gusta hacer preguntas.
- Sí (…)
- ¿Va «Never Ending Tour» rumbo América Latina?
- ¿América Latina? (…) Yo fui a Chile…
- Y también a Argentina... pero y esta vez?
- Sí, también a Argentina pero por los momentos no pasamos por allá.
- ¿Además de inéditos qué traen a tú música los «Tiempos Modernos»?



Cuántas experiencias han transcurrido desde aquellos días de la caravana benéfica «Rolling Thunder Revue» del otoño del 75. Joan Baez, Roger Mc Gruinn, Allen Ginsberg y Ronee Blakley, una suerte de éxodo roquero a la reconquista de un sueño americano hecho añicos. “Prepárense, gente, que viene un tren / No hace falta equipaje, simplemente subir / Lo único que necesitan es fe”, rezaba un sencillo de Renaldo y Clara. Como un trueno se aspiraba hacer resonar los ideales convertidos en simbólicos «paz y amor», en lucha civil, en drogas y en manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Era también una vuelta a los orígenes, un empezar de nuevo para conectarse con el mundo.

No lo consiguieron pero hay quienes se han quedado en la carretera de la continua búsqueda… siempre al borde. Este trovador ha renacido cíclicamente como el ave fénix viviendo desde flamígeras alucinaciones hasta un cristianismo integrista. Es un sinuoso vagabundo que esquiva la fama desde que la supo suya y traicionera a la vez.

- ¿Por qué quieres tomarme fotos? ¿Por qué hacerme preguntas?
- Porque… así intentes soslayarlo… eres Bob Dylan y, por lo tanto, noticia. Y además, estás de gira y tienes un disco nuevo. Lo siento mucho...

«¿Cuántos caminos debe un hombre andar para que le consideres un hombre? Sí, ¿cuántas veces deben las balas del cañón volar antes de que sean prohibidas para siempre? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento (…) » Mucho antes de cumplir 40 años de carrera, la poesía de sus letras había comenzado a ser objeto de estudios agudos. La postulación al premio Nobel de este adalid de la canción de protesta es tarea encausada por diversos departamentos literarios desde hace muchos años. Hasta el momento, van ocho nominaciones. De conocerle imprevisible, sería predecible su reacción ¿no? A lo mejor nos sorprende una vez más. Después de todo, los tiempos cambian.

- Ok, no habrá foto para el periódico… pero... ¿y si es conmigo?
- (…) Si vas al concierto esta noche, pues… nos veremos tras bastidores y allá podremos tomarla.
- No. Es imposible, lo sabes. Estarás fuera de todo alcance y sé que se irán enseguida (...) Por favor... será para mí.
- (...) …¿Dónde está tu cámara?


Tres intentos se hicieron antes de la definitiva. La orden es una y todos los de la tropa Dylan lo saben: “enfoca siempre otra cosa”. Pero las cámaras digitales de estos tiempos modernos no favorecen la práctica. Primero una foto en blanco, luego el piso, luego las manos. « ¿Otra vez ?! ¡Yo creo que es tu cámara la que no sirve! », dijo con sorna Dylan. Curiosamente, fue el guardaespaldas quien finalmente lo hizo. “Let me see… Close-up…close-up…", me pidió Dylan para detallar la imagen. Ambos, con Recile a un lado, la detallamos y nos criticamos entre risas. "Después de todo, luce bien el postizo", dijo.

De todas partes de Europa peregrinaron los fans Dylan. El concierto despertó vítores cómplices especialmente entre sus más fervientes seguidores pero no tanto entre los franceses que esperaban la reproducción del mito inseparable de la guitarra y de la armónica. Sólo una vez se dirigió al público y fue al final para presentar su banda. Esto no sorprende a quien conoce su performance actual. Esta gira europea 2006 está plagada de anécdotas representativas de su carácter temperamental.

Vestido de negro absoluto y sombrero vaquero, el cantautor más influyente y prolijo de la historia del rock ingresó a la puerta técnica del backstage justo para comenzar el concierto. Sólo 4 pasos separaban la puerta de su unidad y la del camerino. «¡Marie-Pierre, lo vimos!… ya podemos morir tranquilos…», dice uno de los organizadores a la presidenta del Festival, quienes se encontraban a 200 metros de distancia. Dylan no permitió encuentros con la comitiva del festival de artes. Una displicencia que fue tomada muy a pecho por una organización que centró el festival en su figura. No brindó ruedas de prensa, no aceptó encuentros reservados a personalidades locales.

Más de 40 vigilantes, fuera de aquellos dedicados a la seguridad del artista, estuvieron apostados de cara al público para impedir la utilización de cámaras fotográficas, celulares y demás instrumentos de grabación sofisticados o no. Prohibido tomar fotografías, prohibido grabar. Entre tema y tema, el ritual es el mismo: luces altas al público, oscuro absoluto en escenario, Bob da la espalda al público para tomar agua. La escena se repite durante todo el concierto. ¿Miedo a seguir en la posteridad del registro? Probablemente. De cualquier forma, cuando se es trotamundo, eterno solitario y mito a la vez, pese la avasallante maquinaria artística, hay huellas humanas que quedan indelebles… siempre en la ruta.